ABONO HECHO EN CASA: EL COMPOST

Césped
  • 09 Febrero 2016

La siega del césped produce residuos que a menudo se dejan en el suelo para que sirvan como fertilizante natural. En un artículo anterior ya explicábamos qué ventajas tiene para el césped esta acumulación de materia orgánica (el llamado ‘colchón’) y cómo evitar su acumulación excesiva. Sin embargo, una opción menos contemplada pero igual de útil es el compostaje.

El compostaje consiste en la composición de basura orgánica para su posterior uso como abono. La ventaja de este sistema es que prácticamente todo puede convertirse en compost: desde los restos habituales de poda hasta las sobras de la comida. Posos de café, cáscaras de fruta, huevo y verduras son algunos de los productos que pueden recibir una segunda vida mediante este método (únicamente deben evitarse carne, huesos, y comida grasienta como queso, aliño de ensalada y aceite de cocinar, que pueden fermentar y producir malos olores). 

 

¿Cómo hacer compost?

El proceso se lleva a cabo dentro de un contenedor situado en cualquier lugar del jardín. Puede fabricarse fácilmente con tablones de madera, ladrillos o una cerca de alambre, o comprarlo en una tienda especializada. En él introduciremos los residuos orgánicos en varias capas, siguiendo el siguiente orden:

-Primera capa: Entre 75 cm y un metro de residuos de arbustos u otro material consistente sobre la superficie del suelo. Esto permitirá la circulación de aire en la base del contenedor.

-Segunda capa: De 150 a 200 mm de residuos esponjosos: hojas, recortes de césped, etc.

-Tercera capa: 25 mm de suelo que permita la proliferación de microorganismos (que serán los encargados de llevar a cabo el proceso de descomposición).

-Cuarta capa: De forma opcional, pueden añadirse entre 50 y 70 mm de estiércol para fomentar la aparición de microorganismos, cubierto a su vez con otra capa de madera, cenizas o limo. En ciudad es preferible evitar esta capa para reducir la emisión de olores.

 

Cajas de compostaje hechas con materiales caseros

 

Si el contenedor no está lleno, se repetirán los pasos del uno al cuatro hasta llegar al borde.

El proceso completo se extenderá durante unos tres o cuatro meses. Tras las primeras tres o cuatro semanas deberá cambiarse de contenedor la mezcla y darle la vuelta, tras lo cual tendrá que girarse de nuevo en torno a una vez al mes. Estos tiempos pueden reducirse dándole la vuelta más a menudo. Aunque puede hacerse manualmente, existen contenedores con contenedor giratorio que facilitan el proceso.

Con este sistema se dará una segunda vida a la basura de casa y a residuos de poda que, de otro modo, no podrían utilizarse (como restos de plantas enfermas). Su uso mejora la calidad de las plantas y reduce la dureza de los suelos arcillosos, permitiendo que el agua penetre mejor en la tierra. Además, reduce la necesidad de emplear pesticidas y abonos químicos, puesto que las bacterias producidas de forma natural en el compost suplen satisfactoriamente sus funciones.

 

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