Jardines verticales, aliados en la lucha contra la polución de las ciudades

Césped
  • 11 Marzo 2016

Nos hacemos eco de una información publicada por el periódico El Mundo sobre la iniciativa de una empresa andaluza para reducir la contaminación de las ciudades. La empresa, Terapia Urbana, propone recubrir las paredes de los edificios con jardines verticales que absorban la polución y den un aspecto renovado al entorno urbano.

 

--Texto original--

Un jardín puede ser frondoso, húmedo, refrescante, exótico, verde... y, ahora, vertical. Es la idea revolucionaria que ha servido como germen para el nacimiento de la firma sevillana Terapia Urbana. Una empresa de base tecnológica, formada en el seno de la Universidad de Sevilla, gracias a la unión de ingenieros agrónomos y arquitectos.

El equipo parte de un proyecto de investigación de la Escuela Técnica Superior de Ingeniería Agrícola de Sevilla para estudiar la posibilidad de desarrollar jardines verticales. Rafael Fernández, Antonio Franco y Luis Pérez, precursores de la idea, se unieron entonces a Iván Gaviño y Fernando Hidalgo para poner en marcha el proyecto empresarial que podría surgir de este trabajo académico.

El carácter innovador de esta iniciativa le valió importantes reconocimientos, como el primer premio del V concurso de Iniciativas Empresariales de la Universidad de Sevilla o del III Concurso de Incubación de Empresas del Consejo Social de la Universidad de Sevilla y el Ayuntamiento, así como el primer premio del I Concurso de Innovación Empresarial en la Provincia de Sevilla, de la Diputación y la Fundación Forja XXI. «Todos estos reconocimientos nos sirvieron como espaldarazo a nuestro proyecto empresarial, así como algunas ayudas como alojamiento para nuestros primeros pasos», recuerda Fernando Hidalgo, socio y responsable comercial de la compañía.

Pero los inicios no fueron sencillos. «Sobre el papel el proyecto era muy interesante, pero en plena crisis del ladrillo las labores de consultoría para estudios de arquitectura tenían un retorno muy lento», reconoce.

 

Mercado exterior

Por eso, buscaron un producto que se pudiera vender por sí solo y que lo hiciera en el mercado exterior. Y es que la internacionalización fue el paso definitivo para afianzar la firma, que tras una primera ronda de inversión en 2012, consiguió la colaboración con una distribuidora de Reino Unido, que ya vende sus jardines verticales por toda Europa, e incluso cuentan con un segundo comercializador en Alemania.

«El sistema cuenta con una tecnología que permite incorporar la naturaleza a entornos urbanos. Procede de un desarrollo científico promovido en la universidad y avalado por expertos, que permite, mediante la combinación de capas, confeccionar un jardín cuya instalación y mantenimiento sean sencillos y mejore el desarrollo y vida de las plantas, una ventaja competitiva que nos distingue de otras firmas en el mercado», abunda el responsable comercial de la empresa.

La innovación mediante el desarrollo tecnológico es la base de su éxito. «Nosotros no somos instaladores, sino un consultor que ofrece el diseño y el apoyo técnico que necesita el instalador», señala.

Cada proyecto es personalizado en función de las necesidades del lugar para el que va a ser diseñado. «La idea es replicar ecosistemas reales, logrando que las plantas colonicen en entornos verticales. Por eso, las condiciones ambientales como la humedad, la luz o la temperatura, son fundamentales a la hora de dar forma a uno de nuestros trabajos», asevera Hidalgo.

Con ello, la empresa se marca dos objetivos. En primer lugar, «la naturación urbana, es decir, recuperar zonas verdes en cascos urbanos, mediante la colonización del hormigón. Trabajamos formas innovadoras, en muros y fachadas, que además generan beneficios como la mejora de la calidad del aire, incrementando los niveles de humedad y por tanto paliando efectos nocivos de la polución, como la irritación de ojos y vías aéreas», explica.

Estos jardines, igualmente, mejoran la capacidad de aislamiento de los edificios, reduciendo la temperatura y creando sumideros de CO2, que disminuyen efectos como la isla de calor y crean refugios y corredores verdes para fomentar la biodiversidad de las zonas urbanas.

En segundo lugar, «tiene un resultado estético sobre las edificaciones y generan beneficios a las empresas en términos de responsabilidad social corporativa, generando espacios más acogedores para clientes y trabajadores, que incrementan la productividad», apunta. Por tanto, «producen beneficios positivos tanto ambientales, como energéticos, como para la salud».

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